lunes, 12 de agosto de 2019

Democracia y Educacion


Los términos “educación” y “democracia” develan realidades sustantivas para la construcción de nuestras sociedades, para nuestra supervivencia como humanidad y para hacer posible el buen vivir, la calidad de vida. Por lo mismo son términos complejos, polisémicos, que atañen a situaciones multidimensionales. Representan a la vez realidades y anhelos; diagnósticos y expresión de utopías. No en vano se han escrito y se seguirán escribiendo tratados, estudios, declaraciones y proclamas en torno a ellos.
Teniendo en cuenta eso, es bueno tratar de delimitar la situación y la perspectiva desde la que nos acercamos a hablar de educación y democracia en cada ocasión. En esta, quiero referirme a ambos términos desde mi experiencia como educador y como animador de una red latinoamericana de organizaciones civiles comprometidas con la educación popular. Por ello mis reflexiones, si bien se nutren de múltiples lecturas y análisis conceptuales, quieren poner énfasis, en esta ocasión, en algunas ideas que hemos ido descubriendo en el debate sobre nuestras prácticas políticas y sociales y en el continuo análisis de la realidad que nos desafía.
Primero señalaré los sentidos que aquí enfatizaré para las palabras democracia y educación y luego colocaré algunas líneas de acción que estamos tratando de construir y que suscitan continuos debates, en el esfuerzo por hacer realidad el derecho a la educación de todos y todas y por construir ciudadanías activas y críticas.
Por democracia entenderé un sistema de gobierno y una forma de vida. Como forma de gobierno, la definición más simple la ha dado Aristóteles: es el gobierno de los muchos y como eso de que muchos nos pongamos de acuerdo no es nada sencillo, Rousseau estaba convencido de que la democracia es un régimen que conviene muy bien a los dioses, pero no a los seres humanos.
Pero el hecho es que hoy se ha construido en gran parte del mundo la convicción de que el mejor sistema posible –siempre imperfecto y perfectible-  para regular nuestra convivencia y para definir las grandes decisiones nacionales y mundiales es el democrático, es decir el gobierno de los muchos. No el gobierno de uno sólo que caracteriza a la monarquía o el gobierno de unos pocos ilustrados o poderosos que caracterizaría al régimen aristocrático u oligárquico.
En nuestras sociedades densamente pobladas, masificantes, multiculturales, multiétnicas, en las que defendemos el derecho a la diversidad, afirmamos que lo mejor es la democracia:  la forma de gobierno que funciona a través de representantes del pueblo, elegidos entre varias ofertas de país elaboradas por diversos partidos, para tomar las mejores decisiones posibles, con una alta participación de la ciudadanía, mediante la deliberación, el debate y la construcción de consensos, orientadas a cultivar leyes e instituciones para regular y fomentar nuestra convivencia con sentido de solidaridad, a desarrollar nuestra economía con sentido de justicia y a estimular la lucha política con un sentido pacífico y pacifista.
La democracia es una cuestión, entonces, de instituciones y leyes, de construcción colectiva del espacio público y  de construcción de ciudadanía.

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